DESDE MI ESCONDITE

By Anna G. Morgana - abril 12, 2020



Los miro desde mi escondite, aterrorizados, no la veían venir, nunca lo vieron, pero ella siempre estuvo a la espera hasta que, en el momento en que menos atención le prestaran, en el momento en que más la descuidaran, ella atacaría impasible. Si hubieran aprendido algo, si hubieran prestado atención, la habrían visto venir. ¿Pero quién los va a culpar? ¿Acaso la vi venir yo la primera vez? 
No, para nada, a traición vino y se lo llevó todo. Y es que ese es su poder, mientras la gente más metida está en sus ruines historias y nadie la mira, ella con más fuerza ataca. Recuerdo a mi buen padre, cuando en su lecho de muerte me dijo que ella era la asesina silenciosa. Después de doscientos años he llegado a comprenderla. ¿Impasible? No hay duda. ¿Silenciosa? No, eso nunca. 
Simplemente los humanos no viven lo suficiente, ni le prestan atención, como para saber escucharla. Todo en esta maldita existencia es un ciclo, ¿qué les hacía pensar que a ellos no les tocaría? Lo de siempre, el ser humano es egoísta por naturaleza, ¿cómo vamos a pensar que nos tocará a nosotros? Pero cuando vemos su blanca y pérfida cara, frente a frente, el terror nos destruye el alma, y entonces, con una lágrima recorriéndonos la mejilla, sabemos la verdad. Nos creemos dueños de todo, pero ella es la verdadera dueña, ella tiene las cartas y las juega a su antojo. ¡La maldita dueña de la baraja, ya os lo digo! 
Y ahora, igual que todas las veces que ha ocurrido antes, ha comenzado la partida, antes fueron guerras, hambrunas, enfermedades, hoy no es tan diferente. Esta vez se disfrazó de cura en un momento de desesperación, y ahora ya es tarde, ha desplegado su ejército y promete arrasar con todo, una vez más. Comenzar una nueva era, coger ímpetu y empezarlo todo de nuevo, aunque con ello, nos arrase a todos a su paso. Llevo cien años sin unirme a la partida, sin importarme qué hicieran sus jinetes, con quién acabaran esos malditos bastardos, que ella llama su ejército. Pero hoy, me levanto desde este sillón donde lo observaba todo, hasta la fecha, en silencio, porque a pesar de haber pasado más de cien años sin importarme su enloquecido juego, esta vez es diferente. Esta vez, existe alguien que lo hace diferente para mí, su nombre es Lia y ahora, me mira preocupada, con sus ojos azules y claros como el Mar Caribe, de donde procedo. 
El resultado de la partida es incierto, o quizá, esta vez, me engaño pensando que podré proteger a Lia, a pesar de que ya sé el resultado que me espera en la batalla contra la dama blanca. Sea como sea, esta vez merece la pena formar parte de esto, única y exclusivamente, porque no quiero quitarle la esperanza a la única persona que ha conseguido que mi corazón vuelva a latir después de doscientos años. 

- ¿Qué vamos a hacer? – pregunta ella buscando mi abrazo, su cuerpo es menudo, aunque he de confesar que yo tampoco soy demasiado alta – Nora, estoy asustada – me susurra con una voz que ni los mismísimos ángeles serían capaces de igualar. 

Os lo dije, ¿cómo negarme a estar a su lado en estos momentos? ¿Cómo negarme a luchar contra esos bastardos si hay un atisbo de esperanza de que ella salga viva de esta? 
Durante todos estos años, he visto como la asesina lanzaba su horda de soldados de mil formas distintas, enemigos invisibles, terrores inimaginables e indecorosos, pero esta, esta es la peor de todas las formas de las que yo haya sido testigo. Primero vino la enfermedad, la humanidad cayó en la desesperación, los poderosos dejaban caer sus máscaras y era un sálvese quién pueda hasta que ya era demasiado tarde, tan tarde que a la humanidad no se le ocurrió, mejor idea que, unirse más que nunca. 
Sí, es cierto, os he hablado de su poder, la despiadada asesina que todo lo puede, pero siento que os he fallado en algo, ya que no os he avisado del motivo por el que esta batalla que se presenta frente a mí, es diferente al resto. Sí, es cierto os hable de la mujer que lleva a mi corazón a enfrentarme a ella, pero no os he explicado algo inusual, algo que hasta a mí, me hace estremecer. Ella, en esta ocasión, tiene una nueva aliada, la codicia, el desenfreno y la estupidez del ser humano por jugar a ser un Dios, Dios que, con el tiempo, aprendí que debía estar de vacaciones. Estúpida codicia que llevó a unos cuantos a jugar un papel que, ni por asomo, le tocaba jugar a ningún humano en esta batalla, en esta 
partida de ajedrez que la muerte había preparado. 
Sí, Lia aún tiembla entre mis brazos, pero mi sangre se hiela al ver el esperpento de seres, que todos creímos muertos, y ahora se levantan putrefactos bajo la luna llena, su alma ya descansa en otro lugar, ahora son simplemente un amasijo de carne y órganos, amorfa y completamente deteriorada, que le sirve a ella, en una jugada magistral, para castigarnos por lo que habíamos destrozado, por todo el daño infligido. 
He vivido doscientos años, asustada por lo que ella me hizo a mí, aquella noche. 
En la cultura general, se me conocería como una vampira, tengo algo así, como vida eterna, pero ella y yo sabemos que eso no es cierto. Muchos han soñado y gozado con la idea de conseguir lo que yo tengo, esa vida, que se presupone que es para siempre. No os dejéis engañar, es un maldito castigo. Ella me castigo por reírme en su cara, por burlarme de ella, por querer engañarla. Y vi como mi generación desaparecía, igual que las venideras, no pude olvidar mis memorias, ni una sola de ellas, la esclavitud, la hambruna, la guerra, todas y cada una de ellas, en mi mente, atormentándome durante tantos años, que ya perdí la noción del tiempo. Hasta que llegó Lia, esta mujer fuerte, dura, valiente, pero que, sin embargo, hoy tiembla asustada como una niña en mis brazos, no la culpo. Ella consiguió bailar con mis demonios, amansarlos, hacerme olvidar que no tenía nada, hasta que la conocí a ella, que es mi vida, es mi todo, y por ello estoy en esta situación. 
Sabiendo lo que se viene, cualquiera tildaría a Nora, la vampira, como el ser más estúpido sobre la tierra, ¿por qué diantre no me escondo antes de que la asesina me vea? ¿Qué hago yo vestida y armada para combatir en esta guerra? ¿Qué hago yo rodeada de humanos que se unen, como camaradas, en esta batalla? ¿Por qué me miran como si yo supiera cómo guiarlos en todo esto? ¿Por qué? ¿Por ser lo que ellos llaman un vampiro? ¿Por haber vivido mucho más que ellos? He de admitir, que no tengo ninguna idea. Pero hoy, de nuevo, después de tantos años, voy a plantarle cara. Ella me convirtió en esto, me transformó en un ser infernal. Mientras miro por la ventana, sonrío orgullosa, quizá ha llegado el momento de devolverle “su regalo”. 
Atraigo más fuerte a Lia hacía mí, y acariciándole el pelo, le susurro en el oído, con una seguridad que no sé bien de dónde ha surgido. 

- Hoy, hoy lucharemos. 


(©Anna G. Morgana) 

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